Balansiya es el nombre con el que se conoció a Valencia
en Al Andalus, el nuevo Estado Islámico que fundaron los
musulmanes en la Península Ibérica
Si
bien la agricultura de Balansiya,
a lo largo de toda la época musulmana fue
la más importante de las actividades. La
tierra rendía mucho porque además
de esa correcta distribución del preciado
líquido, estaba muy bien trabajada
y disponía del necesario abono orgánico
procedente de la abundante ganadería. Además
se perfeccionaron continuamente los métodos
de cultivo importando al mismo tiempo y aclimatando
plantas hasta entonces aquí desconocidas.
Se
escribieron tratados de Botánica y Agricultura,
pero también de medicina donde se estudiaban
las propiedades de cada producto desde el punto
de vista alimenticio y su aprovechamiento para
fines farmacéuticos. Se
investigó mucho en el área de los
injertos con el fin de mejorar tamaño y
calidad de las especies e incluso buscando la
obtención de variedades distintas.
También
la industria
alcanzó un alto nivel destacando: La cerámica,
de excelente calidad, base de la actual industria
ceramista de la Comunidad Valenciana. El papel
que se elaboraba en Xátiva, de tan excelente
calidad que era exportado a todo el mundo islámico
de la época.
Hoy, cuando en una biblioteca de Paris, Nueva
York, Londres o Fez te muestran con orgullo una
joya del libro medieval, puedes escuchar: "Este
manuscrito es de papel xatibí".
Y la producción de tejidos de riquísimas sedas.
Necesariamente el comercio interior y exterior
tenía que resultar activo.
Desde el interior, el que abastece el consumo
de la población, al de la exportación.
Respecto
al primero, podría decirse que toda Balansiya
era un Zoco. Además de los habituales mercados
cuyos puestos de venta se extendían por
placitas y a lo largo de muchas calles, también
se celebraban otros zocos de carácter semanal,
en los puntos de salida y entrada en la ciudad,
que no tomaban el nombre de la puerta sino del
día de la semana en que tenían lugar.
Esto sucedía igualmente en las zonas de
la huerta más alejadas, que, por comodidad
celebraban sus mercados propios para no tener
que desplazarse hasta Balansiya.
El
comercio exterior adquirió un gran volumen
porque se importaba aquello de que se carecía
en una ciudad rica y exigente, así como la
materia prima para algunas de sus industrias. Y
se exportaban grandes cantidades de productos agrícolas
como arroz, azúcar, higos secos, pasas,
miel... y la cerámica, claro. Cerámica
que, al menos al más delicada, se embalaba
con algas de las que el mar, tras un temporal, arrojaba
a la costa. Algas a las que por cierto se daba otra
aplicación que no debemos subvalorar porque
entonces no se disfrutaba de los adelantos químicos
actuales. Esparcidas por debajo de las camas ahuyentaban
chinches y otros parásitos.
Las
ricas manufacturas que salían de manos artesanas
también constituían un capítulo
importante de la exportación.
El
transporte de las mercancías se hacía
a lomos de caballerías cuando se trataba
de tierra adentro, reinos peninsulares musulmanes
o cristianos. Pero también se comerciaba
con países o zonas costeras y entonces
se utilizaba, lógicamente, la vía
marítima.
Los
barcos subían por el río y el puerto
era importante. Esto podría
resultar poco creíble de no saber que lo
dijo alguien que visitó Balansiya varias
veces en el siglo XI y que adquirió fama
de serio. Nos referimos al geógrafo e historiador
al-'Udrí y habiéndolo escrito él,
nosotros lo aceptamos.
Ahora
bien, como no lo especificaba, es posible que
sólo lo hicieran los barcos pequeños,
mientras los de mayor calado transbordaran las
mercancías a embarcaciones menores.
Sea
como fuera tuvo que disponer Balansiya de un puerto
fluvial Un embarcadero ¿Donde estuvo?
Otra
cosa debemos señalar y es que en el siglo
XIII ya no debía existir porque nadie se
hace ecos del mismo y que sin duda la cantidad
de agua que levaba el Guadalaviar había
disminuido posiblemente por las cada vez mayores
necesidades de la creciente huerta. Recordemos
que cuando en abril de 1238 Jaime I cruza el río
pasa asediar Balansiya lo hace por un vado que
existía no lejos del Grao. Aceptando que
en aquellos momentos bajase poca agua, induce
a pensar que, de todas formas, el río ya
no debía ser navegable.
Extractos
de " LA VALENCIA MUSULMANA" de Vicente
Coscollá- Carena editors