Gastronomía: En nuestra cocina
encontramos una clara tradición. En la repostería
y en los dulces. Sobre todo ese turrón que los
de Xixona han internacionalizado
La cocina valenciana gozó
en todas las épocas de merecida fama y
entre sus componentes tuvieron preponderancia
los productos de la huerta, tan abundantes y selectos.
Ello no significa que dieran de costado a los
pescados y a las carnes aunque se consumieran
en menor proporción.
Frutas las había en abundancia
y muy variadas: peras, ciruelas, uvas, albaricoques,
higos, granadas, dátiles... y almendras
verdes, que se comían con su cáscara
al ser tierna.
En cuanto a los dulces es bien sabido
que todavía hoy muchos de los que disfrutamos,
son herencia de aquella época.
Como
bebidas agua azucarada y perfumada con jazmín,
para mejor digestión, el te, los xarab...
Antes
y después de la comida se iba pasando a
los comensales, sentados en la mesa, una jofaina
(o un aguamanil) con gua, jabón y toalla.
Prendas de
vestir que se utilizaron hasta mediados
del siglo XIX se emplean en los desfiles folklóricos.
La costumbre de arrojar caramelos y monedas en
las fiestas ¿de donde viene?. Y es ye utilizado por los árabes para
dirigirse a una persona y que nosotros hemos conservado
con una pronunciación peculiar: xe, con el que somos designados
en otras zonas de España. Los ches equivale a
decir los valencianos. Y el tratamiento de tío/a que damos a las personas
mayores en señal de respeto y afecto.
Finalmente heredamos la afición a la música y a la pólvora.
Los antecedentes de nuestros alardes musicales,
de la fantasía estruendosa y de multicolor de
los fuegos de artificio que tanto orgullo despiertan
entre nosotros como admiración en los extraños,
hay que buscarlos en aquellas fiestas que durante
su pacífico reinado ofrecía 'Abd al-'Aziz hace
casi mil años en su munya, junto al río, convirtiéndose
las noches valencianas en una sinfonía de música
y color, exponente del bienestar alcanzado en
una época que siempre quedó registrada en el Libro
de nuestra Historia.
Del legado
cultural árabe forma parte también
la ordenación del sistema de riegos o Tribunal de las Aguas.
Un tiempo en el que Valencia (Balansiya)
era florón del Islam y, en pacífica convivencia
con las minorías cristiana y judía, el muezín,
desde lo alto de los numerosos minaretes, llamaba
cinco veces al día, para que fueran elevadas preces: