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LOS CÍTRICOS O CIDROS.
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Al Andalus es el nombre con el que se conoció el nuevo
Estado Islámico que fundaron los musulmanes en
la Península Ibérica, y su zona este se denominó Xarq al-Andalus.
Una
importante fuente de información sobre los conocimientos
agrónomos de los musulmanes y sobre sus cultivos,
es el Tratado de la Agricultura Nabatea,
que recoge una valiosa información sobre los conocimientos
agrícolas, botánicos y de economía rural y doméstica
en la Mesopotamia de comienzos
de la era musulmana.
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Cuando los musulmanes llegaron a la península
Ibérica, por regla general, no atentaron a la
seguridad de las personas de la península Ibérica,
y respecto a los bienes, en lugar de adjudicarse
todo el suelo, como lo hicieron los emperadores
romanos, ó las dos terceras partes, como los
reyes visigodos,
confiscaron las tierras de los visigodos, dividiendo
sus grandes latifundios y repartiendolos entre
la población; y las fincas
pertenecientes a los patricios emigrados, al
clero y a los grandes señores que los combatían,
se las repartieron reservando un quinto para
el Califa y los cuatro quintos restantes entre
los musulmanes. (Dozy,
tomo I, páginas 55 y 56).
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En el 714 los musulmanes llegaron a Sharq al-Andalus
y a la provincia de Castellón, los hispano-latinos
que la habitaban se mostraron pacíficos, por lo
que, los de estado independiente conservaron íntegra
su libertad personal y el dominio de sus bienes
En
cuanto a las clases serviles,
la llegada de los musulmanes les favoreció ostensiblemente.
Los siervos de los cristianos, continuaron en
verdad ligados a sus amos como antes, pero adquirieron
el inapelable derecho de disponer de sus bienes,
y los que permanecieron en tierras de los musulmanes,
se transformaron en una especie de arrendatarios
aparceros, casi sin ninguna dependencia de sus
tareas agrarias.
Todos
los antiguos esclavos y siervos que declaraban
la fe islámica, se convertían en verdaderos musulmanes
y eran liberados, pasando inmediatamente a tener
derecho sobre el reparto de las tierras, lo que
provocó un crecimiento demográfico espectacular
a causa de la cantidad de nativos que llegaban
huidos de las tierras del interior, todavía bajo
el dominio visigodo, también se produjo un considerable aumento de la producción
agraria, pues, ya no eran siervos ni posesión
de nadie, ahora trabajaban su propia tierra.
Redistribución
de las tierras de los antiguos latifundios, la
mejora en los sistemas de regadío: canalizaciones,
norias, drenajes, balsas..... pero en ninguna
cosa se nota con más evidencia el alcance de la
agronomía árabe, como en la introducción
de especies, hasta entonces exóticas,
realizada con tanta sabiduría y acierto, que no
se malogró ninguna de las que intentaron añadir
a las indígenas.
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Los árabes fueron sin duda los agentes que más
hicieron por la difusión de los cítricos,
hasta nuestros días han llegado fragmentos y reproducciones
de los escritos que narran las experiencias de
los musulmanes que estaban repartidos por todo
el mundo conocido, pero unidos por el sentir religioso,
por las redes comerciales y las peregrinaciones
a la Meca; sus escritos nos revelan el alto nivel
cultural de aquellas gentes.
Si
advertimos que el Hispalense
omite el naranjo entre las plantas de su época,
llegaremos a la misma conclusión que el estudioso
e inteligente botánico Comisario local de agricultura en Castellón, D.
Fernando Bou y Gascó, de que la consecuencia
natural que se desprende de semejante omisión
es que sencillamente no existía.
Este
mismo investigador, al igual que muchos otros,
en su Estudio sobre las Auranciáceas de la provincia
de Castellón, premiado en 1877, asegura:
"el naranjo agrio, precursor del dulce,
lo trajeron los árabes de los lugares situados
más allá del Ganges, hacia el siglo X, y lo aclimataron
en todos los países que pertenecieron a su imperio".
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Por otra parte, Mr. de Saci, en las notas a la
traducción de Abd-Allatif,
sienta que: "fue transportado de la
India después del año 300 de la hégira"
y el Sr. García Maceira en sus apuntes asegura que este nuevo cultivo de
los árboles citrícolas: "dieron un sello
característico y singular a la agronomía de los
árabes españoles".
Ibn al-Awwän ó
Abü Zaccaria
es el autor de origen andalusí que con más detalle
escribió sobre agronomía en su Libro de Agricultura
Kitäb al-filäha,
donde dedica un amplio capítulo a los cítricos
que además son aludidos en varias partes del libro
para destacar algunos aspectos específicos relativos
al cultivo, conservación, aplicaciones, enfermedades,
etc. y trata ya de él como si fuera muy ordinario
en algunas provincias andalusíes, habiendo
empezado probablemente a cultivarse en el litoral
Mediterráneo.
Durante
la Edad Media, las más importantes referencias a
los cítricos las encontramos en los escritores del
occidente musulmán y especialmente en
los hispano-musulmanes de al-Andalus
que nos legaron un completo tratado de citricultura
muy adelantado para su época, algunas de cuyas
prácticas están aún vigentes.
Agruparon
las especies según la naturaleza de la savia y también,
según su adaptación al clima peninsular. Describieron
detalles de las variedades conocidas, establecieron
los fundamentos de un vivero y describieron las
técnicas de multiplicación vegetativa. Por último
pusieron de manifiesto sus conocimientos sobre plantación,
tipos de suelo y técnicas de cultivo: poda, aclareo,
abonado, defensa contra las adversidades y conservación
de la fruta.
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El código foral valenciano hace ya mención a las
naranjas como una producción muy extendida,
y que desde la capital hasta Borriol existía un
pomposo y espléndido arbolado de naranjos, lo
que no ha de sorprendernos si recordamos que su
introducción por parte de los musulmanes comenzó
por la cuenca mediterránea y que lógicamente la
costa castellonense no debió de ser de los últimos
puntos en recibirlo, pues reúne las condiciones
más a propósito para su perfecto desarrollo, sobre
todo en la Plana.
La
suposición se convierte en certeza cuando el alemán Von Popplaw da datos
fehacientes sobre a la importante producción de
-taronjes- en la zona, en un tiempo en que casi todos los pueblos que
visitó o entrevistó, eran aun de sarracenos,
y la prosapia arabesca de la palabra lemosina
taronja que utilizó indican claramente
a quien se debe la propagación de la planta cuyo
fruto, cambiada en dulce la especie agria con
el injerto y renovaciones sucesivas ha venido
a formar una de las principales cosechas de la
provincia de Castellón, digna rival de su hermana
la de Valencia en el cultivo de las codiciadas
Hesperideas.
El
naranjo amargo en al-Andalus
närany
fue introducido por los árabes a finales del
siglo X o principios del XI y aparece citado en
el Tratado Agrícola Andalusí Anónimo.
El éxito o fracaso de los
injertos está basado en diferentes conceptos,
pero sobre todo en la naturaleza de la savia.
Ibn
Bassäl las clasificó en
cuatro grupos y estableció un quinto grupo formado
por plantas acuosas pero de hoja perenne entre
las que se encontraban el naranjo amargo y el
cidro.
Además,
creó una clasificación climática estableciendo
siete categorías y situando a los cítricos:
cidro, naranjo amargo, limero, zamboa, limonero
y semejantes como idóneos para nuestro clima,
por ser caluroso y seco pero no extremo.
Una
práctica a la que se prestó mucha atención en
aquella época, fue la de la
producción de plantas de vivero. El
método de reproducción por semilla lo aplicaban
a todos los cítricos y se hacía
en un lugar resguardado del frío. Según Ibn
Bassäl, las semillas se sembraban en enero-febrero.
Un año más tarde se hacía el trasplante a macetas
teniendo en cuenta que solo debía haber una planta
en cada una, donde permanecían dos años, al cabo
de los cuales se llevaban al terreno definitivo.
El
sistema de multiplicación por estaca, se aplicaba
al cidro, al limonero y a la zamboa, pero no al
naranjo. También era conocido
el acodo, y el acodo aéreo se practicaba
utilizando una especie de maceta agujereada que,
partida en dos, se ajustaba a la rama.
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Ibn
al-Awwän, Ibn
Bassäl y Abü-l-Jayr
nos proporcionan la información más interesante
respecto a los fertilizantes, especificando épocas
de utilización, tipos de estiércol según su procedencia:
ser humano, palomina, de otros animales,
diferentes beneficios y utilidades según fuera
fresco o fermentado y si era de cabra, de caballería,
de cenizas de algodón, o de distintas leñas..... Tratados con infinidad de combinaciones según
la especie a abonar y el resultado deseado con respecto
al crecimiento, a la floración o al fruto.
Eran grandes expertos en el aclarado, poda,
apuntalamiento, y la lucha contra las adversidades:
exceso de frío o de calor, insectos, suelos calizos,
enfermedades. Siempre utilizaban técnicas naturales,
beneficiosas y nada agresivas con el medio: rodear
los troncos con un tejido basto impregnado de aceite,
alquitrán o boñiga; empalizadas y riegos con agua
tibia o fría; incorporar al suelo cenizas procedentes
de los baños y otros lugares, regar las raíces con
la sangre de los machos cabrios que se sacrificaban
para la alimentación, palomina pulverizada....
También
desarrollaron técnicas de conservación
que permitían conservar los frutos durante mucho
tiempo. Las abundante referencias sobre
los usos alimentarios o medicinales, están diseminadas
en los escritos de los numerosos autores hispano-musulmanes
de la época.
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El cidro o Toronjo (Citrus medica L ) en al-Andalus era conocido con
el nombre de origen persa turuny y también como utruyy.
Fue el primero en llegar desde la India a la
cuenca mediterránea. Es un árbol de unos 3
a 5 m. de altura, con hojas ovaladas y apuntadas;
da flores rosáceas o purpúreas. Prácticamente
todos los autores de la época lo mencionan y admitían
la existencia de dos variedades, una ácida o agria
con las hojas verde intenso, la leña oscura y
las espinas largas, y otra dulce, con el follaje
amarillento y las espinas cortas.
Se
hacía referencia a que florecía varias veces al año manteniendo flores
y frutos casi continuamente, circunstancia
que, destacaban, no sucedía con los otros cítricos
conocidos. Además constataban que los frutos procedentes
de la floración de marzo y abril, eran más dulces
y apetitosos.
Su
aromático fruto, mucho mayor que el limón, es
ovalado y frecuentemente citado en los tratados
andalusíes se conservaban
en recipientes de arcilla y se utilizaban profusamente
en comidas, zumos, dulces y cuidados estéticos.
DENTRO
DE LA GASTRONOMÍA Y DE LA MEDICINA NATURISTA
encontramos el consumo de la confitura
y del jarabe de la pulpa del cidro. El
vinagre del cidro era utilizado para cuajar
la leche.
Hacia
el mes de enero se preparaba un tradicional jarabe de pulpa de
cidra ácida, que debía tener propiedades
medicinales, y se elaboraba una tradicional
confitura de taronjas, mientras que en
el mes de Diciembre maduraban estos frutos. El
perfume compuesto de toronja y almizcle, al que
se le agregaba agua de rosas, era recomendado
en verano, cuando la pulpa de cidra podía tomarse
como aperitivo para refrescarse y apagar la sed
del verano.
En
medicina, la cáscara de la toronja se recomendaba
para perfumar el aliento,
y se utilizaba para fabricar dentífricos muy eficaces
para fortalecer las encías, mientras que la hoja
se consumía para facilitar
la digestión. El cocimiento de toronja
era eficaz contra la diarrea y el vómito. El grano,
ingerido en pequeña cantidad con agua tibia, era
un remedio rápido contra los
venenos en general, y especialmente contra la
picadura de serpientes y escorpiones, según
la medicina tradicional islámica.
Con
relación al cidro, Abü-l-Jayr nos
revela una costumbre agrícola muy peculiar:
introducir nudos del cidro en moldes con formas
predeterminadas, colgándolos de las ramas hasta
que vayan adquiriendo el moldeado de la figura
seleccionada.
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Del naranjo
amargo (Citrus aurantium L) en al-Andalus
närany,
aseguraba Ibn
Awwam en el Libro de la Agricultura
Nabatea. Está en todas las ciudades de al-Andalus.
Sus frutos no son comestibles, son más pequeños,
rugosos y rojizos, más secos y amargos que la naranja
tradicional. Florece en primavera. Es originario
de Oriente. Se usa como base ornamental en muchos
jardines .En Granada está también ampliamente distribuido
en numerosas plazas y avenidas. Se encuentra en
toda la cuenca mediterránea
"Es
árbol que crece en altura, y tiene la hoja lisa,
suave y de mucho verdor... Conviénele toda especie
de tierra, exceptuando la corrompida con mezcla
de ceniza, yeso, ladrillo hecho polvo o cosa semejante...
Aprovéchale el viento solano y el que sopla entre
oriente y mediodía",
La
variedad más común era la redonda y rojiza,
aunque había otra de colore dorado, gruesa y un
poco alargada. Además,
Ibn al-Awwän
hacía referencia a una taronja
(un análisis
de la traducción del texto de Ibn al-Awwän y de
las referencias gastronómicas que sobre este fruto
hace, deja patente que los valencianos llamaban
taronja a la naranja)
grande y puntiaguda
llamada Cordobesa posiblemente como consecuencia de la fama de los
naranjos de la Mezquita, y de otra redonda, grande,
lisa y aromática como el costo (Aucklandia
costus) conocida con el nombre de Kosti.
Así mismo citaba otra gruesa, del tamaño de una
berenjena, y agria lo mismo que su pulpa, a la que
se le daba el nombre de toronja China. El zumo era
en cualquier caso, agrio como el del cidro. La planta,
se decía que tenía las hojas lisas y suaves de colore
verde.
El naranjo amargo embelleció
y perfumó con sus
flores de azahar y sus dorados frutos los patios
de la mayor parte de las mezquitas, como
la almohade de Sevilla o la grandiosa mezquita de
Córdoba, así como los jardines andalusíes. Se decía
que no debía plantarse cerca de la ruda, ni del
orégano, ni del limonero, pues su fuerte olor perjudicaba
al naranjo, además se procuraba no cultivarlo junto
a las higueras, por ser incompatible con ellas.
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DENTRO DE LA GASTRONOMÍA Y DE LA MEDICINA NATURISTA,
encontramos que se utilizaba contra el estreñimiento
y para los propensos a las ventosidades, un aceite
obtenido de la corteza de la naranja, que se aplicaba
en el baño cuando la temperatura era muy alta,
aunque solo hacía efecto si se utilizaba con perseverancia.
Además, de la flor del naranjo extraían un aceite
muy suave que fortificaba las articulaciones.
La
flor del naranjo se destinaba frecuentemente para
fabricar agua de azahar,
muy apreciada por los hispano-musulmanes por su
aplicación en la elaboración de dulces, bebidas
refrescantes, y en perfumería. Entre otros productos
aromáticos, se empleaba la cáscara de la naranja
como desodorante, frotando con el interior de
la cáscara la parte del cuerpo a perfumar.
Tiene
propiedades medicinales como sedante ligero, antiespasmódico
y digestivo. El jarabe de la corteza se usa en
el tratamiento contra la fragilidad capilar. La
variedad dulce es mucho más conocida y mucho más
empleada en la cocina por la cantidad de vitamina
C que contiene, pero con la variedad amarga también
se preparan bebidas y confituras
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Limonero
(Citrus limon) en al-Andalus laymün, cuyo
nombre deriva del árabe
"laymun"
y parece que fueron ellos
quienes los introdujeron en la península Ibérica
en el siglo X, según los que mantienen el que
ya aparecía en las obras
gastronómicas cordobesas del siglo X,
mientras que otros afirman que el limonero debió
ser introducido por los árabes hacia la segunda
mitad del siglo XI, ya que no aparece en el
Calendario de Córdoba (s. X),
ni en el Tratado Agrícola Andalusí Anónimo (ss. X-XI),
ni tampoco en la obra de Ibn
Wäfid de Toledo (primera mitad del
s. XI). Sin embargo si lo
nombra Ibn
Bassäl (s. XI).
Procedente del sureste asiático. Florece en abril
- mayo. Los frutos, conocidos
como limones, de color amarillo, se han usado en
gastronomía desde entonces. No resisten bien
las heladas. Es frecuente en huertas y jardines,
especialmente en las ciudades de al Andalus.
"Se
parece a un cascabel de plata
recubierto de un amarillo de oro"
(al- Muhayris).
Según
los geógrafos árabes de al-Mas'üdï,
siglo X, el limón junto con
la naranja amarga, procedentes del nordeste de la
India, fueron exportados a Omán, y por la ruta de
Basora llegaron a Iraq, Siria y Palestina, siendo
después llevados a Egipto, el Magreb (Ifrïqiya
y el reino de Fez) y a al-Andalus.
Debió de ser un frutal muy frecuente en los jardines
y huertos andalusíes, ya que lo mencionan en sus
tratados los principales geóponos andalusíes a partir
de la segunda mitad del s. XI: Ibn
Bassäl, Ibn Hayyäy, al-Tignarï, Abü-l-Jayr, Ibn
al-'Awwäm e Ibn Luyün.
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DENTRO
DE LA GASTRONOMÍA Y DE LA MEDICINA NATURISTA,
vemos que el jarabe y el zumo de limón era considerada
una de las bebidas más saludables para las persona
sanas, y que los limones adobados en vinagre con
zumo de otros limones, se consumían con miel en
infusiones de azafrán.
Era
muy frecuente partir el fruto
y conservarlo en sal,
para utilizarlo como condimento en los guisos,
tal y como se suele hacer ahora en tierras del
Magreb. Su zumo se utilizaba
en las cocinas andalusíes para cuajados y fermentados.
Se
elaboraban unas pastillas con vinagre de limón,
culantrillo de pozo, menta y harina de aclarece
que, disueltas en agua, se aplicaban sobre zonas
de la piel donde hubiera cicatrices, para limpiarlas.
Al parecer, esta especie de pomada era prescrita
por los médicos andalusíes para paliar los efectos
destructores de la lepra.
El
limon tiene forma oblonga o esférica y posee una
protuberancia en forma de ápice en ambos extremos.
La corteza es de color amarillo y contiene unas
glándulas portadoras de aceite esencial que le
da el olor característico a este fruto y está
recubierta de sustancias aéreas. En su interior
está dividido en gajos que a su vez están recubiertos
por una fina piel y encierran las vesículas que
contienen el zumo y las semillas, cuando las hay.
En España se consumen dos
variedades, el de mesa y el verna. El primero
es de piel más fina y con más cantidad de zumo
y el verna tiene la piel más gruesa, ovalado y
con tres o cuatro semillas por fruto. Para medir
la madurez se establece una relación entre sus
azúcares y la acidez. El ácido cítrico que contienen
es bactericida y portadores de varias vitaminas,
desde la C a la P.
Por
su contenido en vitamina C se utilizo durante
algún tiempo para combatir el escorbuto.
Tiene una acción como desinfectante
natural. Puede usarse para quitar manchas de tinta y para
abrillantar el bronce y otros metales. El zumo es de gran valor dietético, aporta minerales, hídricos, vitaminas y glúcidos.
El zumo se ha usado para fabricar bebidas refrescantes
y ademas tiene propiedades diuréticas y facilita
la digestión. La corteza
se usa en perfumería, pastelería....
La
esencia obtenida de las flores también es apreciada
en perfumería.
Puede
usarse el zumo para quitar manchas de tinta o
para abrillantar algunos metales. Se tomaba caliente
para combatir la fiebre, y además se obtenía de
él un aceite para controlar los problemas de ciática,
calambres, escalofríos, dolores de muelas, estimulante
para el crecimiento del cabello.
Tiene
propiedades medicinales como antiescorbutico,
desinfectante, antiuricemico, vitamínico y astringente.
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Las escuetas informaciones sobre la
zamboa o pummelo,
provienen de Abü-l-Jayr,
y de Ibn al-Awwän.
Se decía que era una especie arbórea intermedia
entre el naranjo y el limonero, aunque su fruto
era aplanado, de color amarillo y con su interior
granujiento, tal y como ocurría con el higo turco
Yildasi. Era de mayor tamaño que un limón y de color
un poco bermejo, aunque menos intenso que el de
la naranja. Respecto a su sabor se decía que era
agrio, pero se afirmaba que se podía comer todo,
la pulpa y la corteza. El carácter granuloso de
la pulpa, y su comestibilidad parecen definir bastante
bien al pummelo, por la aparente falta de jugo y
por su sabor.
El
granadino al-Tignari
(s. XI) citaba el istibuni (o zamboa) mencionando
dos variedades, una más grande que el limón y achatada
por los bordes, y otra de la misma forma que el
melón de Elvira y con menos pulpa.
DENTRO
DE LA GASTRONOMÍA Y DE LA MEDICINA NATURISTA diremos
que la pulpa, jugosa y refrescante, tiene un sabor
ligeramente amargo. Ahora se empieza a extender
una variedad de pomelos de pulpa rosada muy dulce
y apreciada.
Se
consume generalmente al natural, cortado transversalmente,
y se come con cucharita o en forma de zumo. También
desgajado o cortado en daditos formando parte de
ensaladas. Desde el punto de vista dietético une
las propiedades de la naranja y las del limón.
El
zumo contiene un 90% de agua y 70 mg de vitamina
C por 100 gr. Esta riqueza en vitamina C y su pobreza
en calorías -es muy pobre en azúcares- lo convierten
en la fruta ideal para las dietas
de adelgazamiento.
Debido
justamente a su pobreza en glúcidos tiene un peculiar
sabor ácido y amargo que puede suavizarse añadiendo
canela, sin recurrir necesariamente al azúcar. También
puede mezclarse con zumo de naranja con el mismo
fin.
Comer
pues pomelos o beber su jugo contribuye a disminuir
el exceso de peso. En efecto, produce saciedad debido
a su contenido en pectina, un tipo de fibra
vegetal que, además, disminuye la absorción intestinal
de grasas y azúcares; es pobre en calorías y rico
en vitamina C y potasio, mineral que favorece la
eliminación de líquidos sobrantes a través de su
acción diurética.
El
zumo de pomelo es alcalinizante, favorece la eliminación
de toxinas y posee propiedades depurativas.
Es aperitivo, mejora las funciones digestivas y
favorece las hepáticas. Constituye una de las mejores
bebidas para estómagos delicados, sobre todo tomando
el zumo en ayunas o antes de las comidas. También
los que sufren de hiperclorhidria tienen en los
pomelos una de las mejores medicinas.
En
invierno el jugo se templa algo y se toma frío en
verano. Se le puede añadir algo de miel o de sirope.
En la India a los zumos de cítricos (limón, naranja,
etc.) se les añade sal; de esta manera obtienen
una bebida
refrescante
para los calurosos días del verano. Además, el ión
sodio de la sal repone el perdido por la transpiración,
previniendo peligrosas deshidrataciones.
Finalmente,
según estudios de la Universidad de Ontario (Canadá),
beber jugo de pomelo cuando se toman ciertos fármacos
para reducir la presión arterial puede llegar a
doblar el efecto de éstos. El tipo de medicación
antihipertensiva que parece ser influenciada por
el pomelo -no sucede lo mismo con el jugo de naranja-
es la que contiene nifedipina (comercialmente
Adalat, Cordilán, Dilcor, ...). Este dato es interesante,
ya que puede permitir reducir la dosis del medicamento,
naturalmente siempre bajo control médico.
Y
ya por último hablaremos un poco de la semilla del pomelo.
Recientemente se ha descubierto que extractos de
dicha semilla son un poderoso medicamento antifúngico
y antiparasitario.
Ya se comercializa en casi todo el mundo un preparado
que contiene dicho extracto, de nombre "Citricidal"
(consultar en Internet). En España desde hace pocos
años existe otro similar con el nombre de "Panacitril".
Para
más información pueden consultar el interesante
libro "La semilla de pomelo" (de Shalila
Sharamon y Bodo J. Baginski). Ediciones Martínez
Roca, S.A.
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