al
Andalus
es el nombre con el que se conoció el nuevo
Estado Islámico que fundaron los musulmanes
en la Península Ibérica.
EN
LA ÉPOCA ANDALUSÍ, dependiendo del
gluten, los trigos se distinguieron como duros,
cosechados en invierno, y blandos, recogidos en
primavera. Los trigos duros constituyen la llamada
harina de fuerza, son más ricos en elementos
nutritivos. Con ellos se elaboran grandes panes
ligeros y porosos, es la harina apropiada para
el cuscús, plato típico beréber
a base de sémola y carne de cordero, llegado
a la Península a principios del siglo XIII.
La harina débil proviene del trigo blando,
contiene menos gluten y se emplea en repostería.
Como en todas las épocas, hubo ricos y
pobres. La gula era pecado capital del adinerado
y para la escasez de los humildes las gachas y
el pan constituían el alimento diario.
Cuando
raras veces el trigo faltaba, por desastres naturales
o prolongadas guerras, los hispanomusulmanes contaban,
al menos desde la época califal, con una
práctica preventiva, heredada en parte
de la antigüedad. Consistía en la
confección de panes sustitutivos elaborados
con productos vegetales muy nutritivos que se
podían conservar durante largo tiempo.
Sobre las clases de pan, cuenta Benavides que: el
pan forma parte de la cultura alimentaria de primer
orden y añade que podemos encontrar panes
cocidos bajo cenizas, pan sin levadura, pan frito,
pan cocido en cacerola, en horno romano, en horno
oriental abovedado, horno móvil, el pan mojado,
pan mojado y muchos otros.
Cuenta
a este respecto Ibn Al-Jatib:
La base fundamental de
la alimentación la constituye, por lo general,
el buen trigo candeal. Pero con frecuencia las gentes
de pocos medios económicos y los jornaleros
en invierno tienen como principal alimento el panizo,
la más parecida al trigo de las distintas
variedades.
Completa
esta información el investigador Camilo Álvarez
de Morales diciendo: Si no se disponía de
trigo se usaban otros cereales, como el mijo, la
cebada, el arroz e incluso se hacía con frutas
(peras, manzanas, higos o membrillo) que se dejaban
secar al sol, se trituraban, se desmenuzaban, se
mezclaban con harina de algún otro cereal,
se amasaba todo con aceite y se fabricaba el pan.
A veces al pan se le añadían cominos,
pasas, nueces o azafrán.
De esta manera, el trigo constituía un alimento
de primera necesidad, con él se elaboraba
el alimento básico, pero también se
empleaba para cocinar las muy difundidas gachas,
galletas, sopas espesas y, como ya apuntamos, el
cuscús o alcuzcuz.
El
cuscús, insistimos, era patrimonio culinario
de los beréberes del Magreb. Surgido en tiempos
oscuros y afianzado en pocos siglos sobre la base
de variedades de trigo duro, idóneo para
su confección. Con la llegada de los musulmanes,
se popularizó en al-Andalus este plato y
disfrutó de salud culinaria hasta la real
cocina de Felipe IV.
En
líneas generales el pan utilizado normalmente
por los hispanomusulmanes era el blanco de trigo,
mientras que para los cristianos, el pan que se
consumía, era de un color oscuro (normalmente,
elaborado con una mezcla de cereales).
El pan, las tortas o las empanadas eran amasados
en las casas y se llevaban al horno público
más cercano (aunque las familias pudientes
tenían horno propio). Este horno popular,
que existía y todavía existe en
las ciudades islámicas y en algunos pueblos
andaluces, no sólo servía para cocer
el pan, también horneaba otros platos,
como la carne de ave o de cordero. El panadero,
como pago, se quedaba con una porción de
la masa, llamada poya.
El
trigo llegó a tener tanta importancia,
que su carencia era sinónimo de escasez.
La falta de cereales, en especial el trigo, como
decimos, es sentida como la causante del hambre
por todas las clases sociales de Andalucía,
debido a la importancia paralela que aquí
tenía el consumo de gachas, cuscús,
sopas espesas de harina y verduras (a las que
a veces se les añadía carne y especias)
y los diversos tipos de panes comentados. También
las pastas eran muy apreciadas, sobre todo los
fideos y los macarrones.
(Extractos
de "HERENCIA DE LA COCINA ANDALUSÍ"
de Jorge Fernández Bustos y José
Luis Vázquez González- FUNDACIÓN
AL ÁNDALUS)