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La
cereza ha ocupado un puesto preponderante en las mesas, tanto
por su consumo en fresco como por la elaboración de
confituras y aguardientes.
De
los romanos a los árabes, muchos pueblos antiguos disfrutaron
del placer de comer cerezas. En algunas culturas, como la
japonesa, las cerezas simbolizan el autosacrificio, principalmente,
el sacrificio de la sangre y la vida de los samurais en la
guerra (de la misma manera que es preciso separar la pulpa
de la cereza para acceder al hueso).
Por
el contrario, en la tradición cristiana medieval, la
cereza tuvo el mismo simbolismo que la manzana o el fruto
prohibido.
En
el valle del Jerte se cultivan las mejores cerezas de la Península
y su fama rebasa las propias fronteras españolas.
El
cerezo de aves o silvestre se conoce desde la época
romana. En los montes de Ida y de Miller (Asia Menor), en
tiempos del rey Lisímaco, se cultivaban cerezos dulces
injertados. Plinio narra que el general romano Lúculo
importó el cerezo de Kerasos, en las costas del Ponto,
a Italia. Sin embargo, Plutarco no cita esa circunstancia
en su obra Vida de Lúculo. No obstante, el nombre
griego kerassos parece indicar que en aquella región
los cerezos se cultivaban a gran escala- Lúculo, quizá,
no introdujo el cerezo en Europa porque algunos expertos suponen
que se cultivaba con anterioridad al general romano, pero
sí parece probado que introdujo alguna variedad de
cereza..
En
el valle del Jerte las cerezas pudieron llegar de la mano
de los árabes y, tras la reconquista, su cultivo siguió
en manos de los nuevos colonos. Sin embargo, los primeros
documentos del cultivo se remontan sólo al siglo XIV.
El 2 de junio de 1352 varios emisarios del rey de Navarra,
que se dirigían a Sevilla para entrevistarse con Pedro
I, pasaron la noche en Cabezuela del Valle y durante la cena
les sirvieron truchas y cerezas.
En
el siglo XVI el médico Luis del Toro, en su Placentiae
urbis et ejusdem episcopatus descriptio, habla de las
cerezas del Jerte y las distingue por su tamaño y color:
"se observan también todo género de cerezas,
que ni Persia las tiene mejores. Cerezas de un gusto y tamaño
extraordinario, rojas, negras y de un color intermedio semejante
al vino..."
En
el siglo XVIII varios cronistas señalan la riqueza
frutícola del valle del Jerte: "Abundan en
este valle peras de todas especies, guindas comunes y garrafales,
camuesas, nísperos, manzanas, melocotones, damasquinos,
dureznos, albérchigos y otras frutas de hueso, ciruelas,
higos de muchos veduños, granadas, membrillos, nueces
y avellanas, frutas de espino, como son los limones y las
naranjas...".
A
principios del siglo XIX las cerezas del Jerte
gozaban ya de fama y eran consumidas en la Corte, según
refiere Sebastián Miñano en su Diccionario
geográfico y estadístico de España y
Portugal. A partir del siglo XIX el cultivo de los cerezos
se desarrolló por todo el valle y, a comienzos del
siglo XX, alcanzó su máxima expansión.
Los
requisitos legislativos que afectan a la Denominación
de Origen Cerezas del Jerte son los siguientes: Orden de 11
de enero de 1995, de la Consejería de Agricultura y
Comercio de la Junta de Extremadura que reconoce con carácter
provisional la D.O. Cereza del Jerte; resolución de
31 de enero de 1995 de la Dirección General de Comercio
e Industrias Agrarias de la Junta de Extremadura, que designa
el Consejo Regulador provisional de la D.O. Cereza del Jerte:
orden de 21 de enero de 1997 de la Junta de Extremadura que
aprueba el reglamento de la D.O, Cereza del Jerte; y orden
7 de julio de 1997 de Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación
que ratifica el reglamento de la D.O. Cereza del Jerte y su
Consejo Regulador.
Las
cerezas del Jerte obedecen a un largo proceso de selección
a partir de dos estirpes locales de Prunus avium, de fruto
rojo y fruto negro, y de sus cruces o combinaciones sucesivas.
La
especie Prunus avium crece en el valle del Jerte como especie
forestal autóctona. Esta especie coloniza toda Europa
Central hasta Asia Menor. Crece en los bosques y linderos,
en medio de espesos matorrales, y en las márgenes de
los arroyos.
En
la Península Ibérica, el Prunus avium, es frecuente
en las montañas septentrionales y andaluzas, y en las
estribaciones húmedas. Esta especie silvestre (Prunus
avium), de aspecto similar al cerezo de los huertos, presenta
frutos mucho más pequeños, negros y de sabor
azucarado y amargo.
Los
frutos obtenidos en el valle del Jerte pertenecen en su mayor
parte al grupo de las "picotas", es decir,
una variedad de cerezas de muy escasa adherencia al pedúnculo
que en el proceso de recolección se desprende del mismo.
Las
"picotas" presentan una coloración
exterior rojiza, de mayor o menor intensidad, dependiendo
de las variedades. Predominan las cerezas de color rojo vinoso
o púrpura, debido a la abundancia, en la cosecha local
de la variedad "reina" o "ambrunés".
Las
pulpas, firmes y crujientes, presentan color rojo y jugo rojizo
dependiendo de la variedad. Las cerezas sujetas a la D.O.
pertenecen solo a las variedades "navalinda",
"ambrunés", "pico limón
negro", "pico negro" y "pico
colorado".
Las
cuatro variedades del grupo "picota" ("ambrunés",
"pico limón negro", "pico
negro" y "pico colorado"), representan
las tres cuartas partes de la cosecha local, junto con la
variedad "navalinda", son autóctonas
y proceden o bien directamente del valle del Jerte o de los
vecinos valles de Ambroz y la Vera. Estas variedades pueden
considerarse exclusivas de estos valles porque la implantación
en otras latitudes no ha tenido el éxito deseado.
La
firmeza de la pulpa se considera sumamente importante para
determinar la calidad de estas cerezas, porque permite saber
si el fruto ha sido recolectado en el momento más óptimo.
Las cerezas bajo esta D.O. presentan las siguientes características
de calidad: enteras, sanas, limpias y con aspecto fresco y
exentas de olores y sabores extraños.
Para
su comercialización se califican en los siguientes
tipos:
"picotas" o cerezas sin pedúnculo:
"primera calidad" o cerezas con un diámetro
mayor o igual a 21 mm; "calidad extra"
o cerezas con un diámetro mayor o igual a 24 mm;
calidad "super extra" o cerezas con diámetro
mayor o igual a 27 mm.
cerezas con pedúnculo: "primera calidad"
o cerezas con un diámetro mayor o igual a 23 mm;
"calidad extra" o cerezas con un diámetro
mayor o igual a 25 mm; calidad "super extra"
o cerezas con diámetro mayor o igual a 27 mm.
Cada
año los inspectores del Consejo Regulador visitan de
forma aleatoria un 10% de las fincas inscritas (alrededor
de 400) para comprobar la veracidad de los datos aportados
por los productores. Además, cada almacén inscrito
en la D.O. lleva a cabo sus propios controles de calidad para
asegurar que las partidas de cerezas se ajustan a las normas
establecidas.
Para
garantizar la higiene se eligen semanalmente, al azar, un
número determinado de muestras, en cada almacén
inscrito, para comprobar que las pautas seguidas en el uso
de los productos fitosanitarios han sido las correctas y si
los plazos de seguridad se han observado con el fin de obtener
las máximas garantías de calidad. Una vez realizados
todos los controles que establece la ley, las partidas que
reciben el visto bueno de los servicios de inspección
del Consejo Regulador de la D.O. Se envasan y se expiden con
el correspondiente aval.
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