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Durante
el siglo XVI, el mijo era almacenado incluso por periodos
muy largos (hasta veinte años) debido a su gran capacidad
de conservación. En 1378, por ejemplo, Venecia, que
estaba asediada por los genoveses, se salvó gracias
al mijo conservado en sus almacenes. Por lo tanto, este cereal,
que hoy nos hace pensar inmediatamente en un alimento para
aves ornamentales, ocupaba con seguridad un puesto de relieve
en la alimentación de las generaciones precedentes,
particularmente en la Italia septentrional, donde durante
siglos la polenta o harina de mijo fue un plato típico
del Véneto, la Lombardía y el Trentino. Por
otra parte, en la Edad Media, durante los periodos de abstinencia
de carne impuesta por las prácticas religiosas, el
mijo se consideraba un excelente sustituto de la propia carne.
Este
cereal de pequeños granos muy característico
de color amarillo pajizo se cultivaba discretamente también
en diversas regiones de Europa: en Portugal, España,
Francia meridional, Alemania, Austria, Hungría y Ucrania.
Su
origen resulta polémico: parece proceder del centro
de África, donde se cultiva desde tiempo inmemorial.
Posiblemente llegó a la India a bordo de los barcos
de comerciantes árabes, siendo en la actualidad
el alimento básico para más de 400 millones
de personas de África, China e India, mientras que
en Europa su cultivo para la alimentación humana se
fue reduciendo progresivamente tras la difusión del
maíz procedente de América. En determinado momento
durante el siglo XVII, el maíz que presenta exigencias
climáticas similares a las del mijo, después
de haber suplantado casi completamente el cultivo de este
cereal, se apropió de su nombre y en Francia se convirtió
en "millet".
es
interesante resaltar que según algunos historiadores,
es muy posible que el mijo haya sido el precursor de todos
los cereales: cosechado en estado salvaje, puede que haya
alimentado al hombre hasta que se descubrió el arado.
Mijo
perla: El mijo perla (Pennisetum glaucum) también es
conocido como mijo panizo de Daimiel. El mijo perla casi ciertamente
tuvo su origen en el África occidental tropical donde
se da el mayor número de formas silvestres y cultivadas.
Hace unos 2.000 años fue llevado este cultivo a África
oriental y central, y a la India, donde por su magnífica
tolerancia a la sequía llegó a arraigar en los
terrenos más áridos. La altura de la planta
de mijo perla puede variar de 0,5-4 m y el color del grano
puede ser casi blanco, amarillo pálido, pardo, gris,
azul pizarra o morado. Los granos ovoides tienen unos 3-4
mm de largo, mucho mayores que los de otros mijos y el peso
de 1 000 semillas varía de 2,5 a 14 g, con un promedio
de 8 g.
Mijos
menores: Los mijos menores, también llamados «mijos
pequeños» han sido objeto de poca atención.
Comprenden el mijo coracán (Eleusine coracana) el mijo
cola de zorra (Setaria italica), el mijo kodo (Paspalum scrobiculatum
), el mijo común o proso (Panicum miliacum), el mijo
pequeño (Panicum sumatrense) y el mijo de los arrozales
o sawa (Echinochloa crus-galli y Echinochloa colona).
Los mijos menores representan menos del uno por ciento de
los granos de consumo humano que se producen actualmente en
el mundo. De ahí que no sean importantes en cuanto
a la producción alimentaria mundial aunque sean esenciales
como cultivos alimentarios en sus respectivos agro-ecosistemas.
Casi siempre se cultivan en zonas marginales o en condiciones
agrícolas donde los cereales principales no dan un
rendimiento sostenible..
Actualmente
se conocen diversas variedades de mijo (el común, el
redondo, el largo, en forma de vela, etc.) que se emplean
en la alimentación humana tras ser descortezados, ya
que las capas que constituyen la parte no comestible son tan
finas y coriáceas que no permiten el descascarillado
como ocurre con casi todos lo demás cereales.
Tras
la cosecha, los granos se limpian y se les retira la cáscara
indigesta, que sin embargo es compatible con la eliminación
de las capas periféricas de otros cereales, puesto
que la parte que se retira (la glumela) no contiene cantidades
significativas de sustancias beneficiosas para nuestra alimentación.
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COMPOSICIÓN
MEDIA DEL GRANO DE MIJO
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Glúcidos
(%)
|
60,00
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Proteínas
(%)
|
11,00
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Lípidos
(%)
|
14,00
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El grano de mijo es bastante rico en almidón
y desde este punto de vista se puede comparar con el maíz;
es además uno de los alimentos más ricos en
sustancias minerales, entre las que se encuentra el hierro,
el magnesio, el fósforo y el silicio. Contiene vitaminas
de los grupos A y B; se considera que engorda menos que el
trigo y que tiene menos poder calórico que la avena;
es fácil de digerir y su contenido considerable de
lecitina y colina lo hacen particularmente conveniente para
las personas sedentarias que desarrollan actividades intelectuales
y para los organismos debilitados (a propósito, hay
quien lo considera como reconstituyente). Sus propiedades
lo hacen especialmente aconsejable también para mujeres
embarazadas
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Información
nutricional (60 gr. de mijo)
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Calorías
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212
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Hidratos de carbono
|
41
g
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Proteínas
|
6
gr
|
| grasa |
2
gr
|
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hierro |
41
% de la necesidad diaria |
|
magnesio |
29
% de la necesidad diaria |
Por
su alto contenido en ácido salicílico, frecuentemente
se considera un verdadero producto de belleza; ciertamente
posee una acción estimulante sobre la piel, los cabellos,
las uñas, y el esmalte de los dientes.
El
alto contenido en lípidos no limita su capacidad de
conservación si se almacena en forma de copos o de
harina u, por tanto, se aconseja moles los granos cuando se
van a consumir.
Aunque
no contiene gluten, a veces se emplea en la fabricación
de pan y en la preparación de pastas especiales, que
se obtienen mezclando la harina de trigo con la harina de
mijo.
Fácil
y rápido de preparar, el mijo tiene un sabor dulce
característico que lo hace particularmente apetitoso.
Cuando se prueba una vez, no se olvida fácilmente,
especialmente después de haber aprendido a cocerlo
en su punto justo, combinándolo con las verduras apropiadas.
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