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CHAUEN,
racimo de agua, andalusí y rifeña,
en medio de exuberantes y aromáticos vergeles.
Los
murmullos desenvainados de sus veneros
y manantiales desgranan misteriosa salmodia.
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En
el hontanar de Ras-el-Ma, princesas moriscas
vierten sus lágrimas por el Edén perdido.
Sus
mujeres calzan babuchas negras, en duelo
por los lirios, nardos y jazmines martirizados.
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Sus
santos sufíes, Mulay Alí Ber-Rachid
y Mulay Alí Chakur, aguardan el alba.
Tras
las fachadas de sus hospitalarias casas,
de zócalos añiles, puertas y celosías
verdes,
destellan, se entreven pupilas de hoguera.
Mi corazón, amapola herida, quedó cautivo de
ellas.
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