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Se
coge una buena sémola y se pone en una terrina, se
rocía con una agua salada y se trabaja con la punta
de los dedos para incorporar una mezcla que se frota suavemente
con las palmas de las manos hasta conseguir una sémola
del tamaño de la cabeza de los alfileres. Finalmente
se criba para deshacerse de la harina suelta y se reserva
cubierta en un lugar aireado.
Escoger
una buena pieza de buey tierno, con hueso y poca grasa. Cortar
en trozos los huesos y la carne.
Poner
en una marmita grande y añadir sal, pimienta, aceite,
cilantro seco, cebolla picada. Cubrir todo con agua y colocar
sobre un fuego.
Cuando
la carne está casi cocinada, añadir las legumbres
de mercado, como por ejemplo, coliflor, zanahorias, lechugas,
hinojo o eneldo, habas verdes, calabacines y berenjenas.
Una
vez que la carne y las legumbres estén cocinadas, colocar
la marmita o cuscusera sobre la pota que contiene la carne,
las legumbres y verduras, uniendo ambas partes con un poco
de masa para que no se escape el vapor y cubrir la cuscusera
con un paño de lino o papel absorbente así se
concentrará todo el vapor en la cuscusera que se agitará
de vez en cuando hasta su cocción.
Una
vez cocinados se introducen en una terrina y con las manos
y un tenedor se mezclan el cuscús con un poco de canela
y valeriana. Procurar no llenar el recipiente para poder efectuar
mejor la mezcla.
Seguidamente,
rociar con el caldo de la carne comenzando por el centro haciendo
que la sémola absorba la necesaria cantidad de líquido.
Se
presentan en una marmita decorativa, poniendo los granos del
cuscús en el fondo del plato, el hueso en la parte
superior y la carne y verduras en la superficie, espolvoreando
sobre la cima canela, pimienta y jengibre. Se consume en paz
si Dios Todopoderoso lo desea.
Este
tipo de cuscús, se puede elaborar con carne de cordero
o pollo del mismo modo que se ha descrito con anterioridad.
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